Por: Erika Ruiz
Sebastian Serna
Melissa Mejía Flórez
El libro "Cómo aprendemos a leer" de Maryanne Wolf, nos habla de que las personas no nacimos para leer. Los seres humanos inventamos la lectura para modificar la propia organización de nuestro cerebro y esto amplió por completo nuestra capacidad de pensar, ya que la evolución intelectual de nuestra especie se alteró de una manera muy visible.
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| Imagen tomada de data6.blog.de |
Nos introduce a la afirmación de que la lectura ha ido
evolucionando a lo largo de la historia y saber lo que la lectura exige a
nuestro cerebro, es todo lo que contribuye a nuestra capacidad de pesar,
sentir, deducir y comprender a los demás seres humanos. Abarca tres áreas de
conocimiento: los orígenes históricos del aprendizaje de la lectura, el ciclo
vital del desarrollo de los humanos y la historia y la ciencia de lo que ocurre
cuando el cerebro no es capaz de leer.
Hay una visión particular de cómo el cerebro aprende lo
que sea y es que lo que hace que nuestro cerebro aprenda a leer, es la actividad de establecer
nuevas conexiones entre estructuras y circuitos dedicados originalmente a otros
procesos cerebrales más básicos como la visión y el habla. Podemos ver que
desde el principio estamos preparados
biológicamente para los grandes avances, porque siempre estamos adecuando
nuestra mente a aprender y a hacer las cosas de una mejor manera.
Wolf utiliza al célebre novelista Marcel Proust como
metáfora, y al calamar como analogía para dos aspectos radicalmente distintos
de la lectura. En su libro, Wolf describe que Proust consideraba la lectura
como una especie de “santuario” intelectual, y los científicos intentaron
comprender cómo se activan y
comunican entre sí las neuronas y los sistemas de reparación y compensación
que disponen los calamares cuando algo sale mal. El estudio de lo que el
cerebro humano tiene que hacer para leer, y de sus inteligentes maneras de
adaptarse cuando las cosas van mal, es análogo al estudio del calamar en la
neurociencia de antaño. El santuario de Proust y el calamar de los científicos representan
formas complementarias de comprender diferentes dimensiones del proceso de
lectura.
Es importante aclarar que en el proceso de nuestra
capacidad generativa de la lectura, es de vital importancia el lenguaje
escrito, ya que la característica exclusiva de nuestra capacidad de leer, es
“tener algo para leer”, y no sólo letras, sino también símbolos e imágenes.
Biológica e intelectualmente, la lectura permite ir más allá de la información
que se está proporcionando, y por eso, Wolf escribe que la interpretación que
hace Proust de la naturaleza generativa de la lectura contiene una paradoja: el
objetivo de la lectura es trascender las ideas del autor hasta llegar a unos
pensamientos crecientes autónomos, transformativos y, en última instancia,
independientes del texto escrito.
Las perspectivas
de la lingüística antigua y moderna, de la arqueología, la historia, la
literatura, la pedagogía, la psicología y la neurociencia se integran en este
libro para ofrecer una nueva perspectiva sobre tres aspectos del lenguaje
escrito: la primera habla de cómo aprendió a leer el cerebro humano, que
involucra la necesidad de interpretar sonidos, imágenes y símbolos; la segunda
describe el desarrollo de la evolución del cerebro lector, que comienza desde
niños, y que al crear hábitos de lectura activa o pasiva, se crean cambios en
la comprensión de cualquier texto, y esto se debe a que tenemos un cerebro que
nosotros mismos hemos “reorganizado” para aprender a leer; y la tercera nos
hace cuestionar acerca de las diferencias en los casos que el cerebro no es
capaz de aprender a leer, e identificamos puntos de vista que “nos hacen ver”
negativa o positiva, la carencia de capacidad lectora, ya que si vemos el punto
de vista de Wolf críticamente, la dislexia es la más visible prueba de que el
cerebro jamás estuvo conectado para leer, y nuestra capacidad para leer, ha
sido un proceso asombroso.
Wolf nos describe cómo el cerebro se adaptó a la lectura,
y dice que la historia de la lectura refleja la suma de una serie de grandes avances
cognitivos y lingüísticos que tuvieron lugar al mismo tiempo que unos profundos
cambios culturales. La escritura ayudó a cambiar nuestra manera de pensar, al
exigir diferentes adaptaciones de las estructuras originales del cerebro, y
comenzó con una serie de manifestaciones que nos hacen comprender nuestro
proceso y lectura. La primera manifestación es la aparición de “la
representación simbólica”, que fue el paso más importante para afirmar que
nuestro cerebro estaba preparado para leer, ya que nuestros antepasados no solo
“representaban símbolos en las piedras”, sino que este fue un proceso especial
que exigió la especialización visual, relacionar las representaciones visuales
con el lenguaje y descubrir la información conceptual que cada símbolo representaba.
La segunda manifestación fue la comprensión de que se puede utilizar un sistema
de símbolos para comunicarse a través del tiempo y del espacio, preservando las
palabras y los pensamientos de un individuo o de toda una cultura, que Wolf
describe como una red de procesos cognitivos especiales que describen de manera
histórica y clara la capacidad del cerebro lector para asociar, identificar,
aprender y practicar con el lenguaje. La tercera manifestación fue “la
correspondencia sonido-símbolo”, y aunque ésta no se produjo en todas partes,
representó la sensacional percepción de que todas las palabras están formadas
en realidad por minúsculas unidades de sonido y los símbolos pueden expresar
físicamente cada uno de estos sonidos.
Estas manifestaciones nos permiten comprender los
orígenes de un nuevo proceso, que a su vez nos ayuda a entender cómo funciona y
a analizar qué tenemos, qué podemos “configurar” y aprender, y qué podemos
conservar.
Hay quienes piensan y asumen que el proceso de
aprendizaje de la lectura no comienza hasta que el niño entra en la escuela y empieza
su educación formal, sin embargo los niños desarrollan habilidades y aprenden
conocimientos esenciales para adquirir la lectura, mucho antes de que la
educación formal comience, y para relacionar esto, en la segunda parte de su
libro, Wolf parte de la idea que desde niños debemos tener una gran motivación
hacía la lectura y la escritura, y esto se da cuando nuestros padres, seres queridos,
profesores, se toman el tiempo de leernos historias, cuentos, textos, palabras,
que terminan desarrollando nuestra capacidad de crear imágenes en nuestra
mente, comprender la lengua hablada, ampliar nuestro vocabulario, darle
significados o nombres a las cosas que están a nuestro alrededor; además de
desarrollar también nuestra capacidad de atención e investigación, lo que a su
vez se relaciona directamente con el desarrollo emocional que se empieza a
reflejar al darle sentido a las palabras, poniéndonos en la posición del otro y
esta es la esencia de la comunicación mediante la lengua escrita. “Aprender a
leer sólo es posible por la plasticidad del diseño cerebral, y cuando se logra,
el cerebro del individuo cambia para siempre”, sostiene Wolf.
Otro punto clave a la hora del proceso de aprendizaje de
lectura en los niños es el lenguaje literario utilizado en los cuentos, ya que al
escuchar este tipo de léxico, se tratan de memorizar las palabras y aprender
que están hechas de sonidos. La flexibilidad del cerebro permite coordinar
aspectos visuales, auditivos, semánticos, sintácticos y espaciales que de otro
modo no entrarían en relación.
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| Imagen tomada de descifrandoeluniverso.es |
Todos tenemos un "genio lingüístico", pero son
los niños los más dotados de éste, en ellos es más notable, ya que desde
pequeños tienen la capacidad de incorporar diversos elementos que son
fundamentales en el desarrollo del lenguaje escrito; y en este proceso hay 5
aspectos muy importantes, los cuales son: el desarrollo fonológico que trata de
la evolución de la capacidad de un niño para oír, distinguir, separar y manipular
los fonemas; el desarrollo semántico el cual consiste en el aumento del
vocabulario del niño, lo que a su vez contribuye a la comprensión del
significado de las palabras; el desarrollo sintáctico que se centra en la
asimilación y el uso de las relaciones gramaticales del idioma; el desarrollo
morfológico donde el niño adquiere y utiliza las unidades mínima de significados;
y el desarrollo pragmático que es la aptitud de un niño para percibir y
utilizar las "normas" socioculturales del lenguaje, proporcionando
bases para entender las formas de utilizar las palabras.
Se debe tener en cuenta que leer no es una habilidad
innata, sino que se da mediante un proceso, en el cual no se debe de ejercer presión
sobre el niño, ya que esto puede generar serias consecuencias en muchos casos;
son los niños los que buscan la manera y el momento para empezar a plasmar sus
dibujos y letras, haciendo a un lado el miedo de equivocarse.
Uno de los casos tristemente más notables, es la
"pobreza o carencia léxica" presentada en muchos niños que ingresan a
la escuela, y esto se da cuando no tienen los suficientes recursos literarios, acompañamiento de algún
lector, o cuando presentan problemas físicos auditivos.
"Cuanto mayor es el contacto de un niño con las
palabras escritas, mayor es su comprensión implícita y explícita del idioma en
su conjunto", asegura Wolf; y en efecto tiene razón puesto que somos lo
que leemos y lo que escribimos, y al tener mayor conocimiento sobre algo,
podemos aplicarlo y obtener excelentes resultados.
“Me gusta tomármelo con calma”. LUKE sección 6 “La
historia interminable del desarrollo de la lectura”. Tomamos esta frase del
capítulo porque en cierta medida es muy verdadera y aplicable, pues para leer
necesitamos tomarnos nuestro tiempo para comprender e interiorizar lo que
estamos leyendo, para que así el cerebro vaya desarrollando permanentemente
capacidades cognitivas, cuando se adquiere más fluidez en la lectura se aprende
con más facilidad y es así como durante los primeros años se “aprende a leer” y
después “leer para aprender”.
Se sabe que la dislexia es un problema en le la cual
el niño o persona se le dificulta en la lectura la capacidad de comprender
correctamente, y es así como hay problemas en la fluidez unas de las razones
son el entorno, el poco vocabulario o una enseñanza inadecuada entonces es así
como no se aprende a leer rápidamente para discernir lo que se está leyendo.
Cuando un lector logra interpretación fluida adquiere
y recopila conocimiento y puede aprender a retener mucha más información,
captando y desenvolviendo con mucha más facilidad todo lo aprendido para luego
aplicarlo, “ cuando se descifrar no significa que se comprenda”, así lo dice en
el texto pues se necesita como de una serie de etapas para interiorizar lo que
se lee, toda su información, por otra parte cuando se entiende o conoce todo el
contenido ya se va mas allá ,la finalidad seria la amplitud de comprender o
entender el uso de las palabras, es ir más allá de la lengua , es ir a través
de hallar nuevos significados.
Se recomienda que para empezar a crecer en todas estas
capacidades de la lectura y llegar a adquirir una fluidez, comprensión y
significado seria leer textos simples y luego aumentar su complejidad. Cuando
un descifrador fluido evoluciona y pasa a ser un lector estratégico, pues se
sabe resumir, sacar conclusiones, hacerse preguntas y corregir durante y
después de la lectura, si hay un deseo para leer la mayor ayuda para el
entendimiento fluido seria una enseñanza clara y un comportamiento reciproco,
la comprensión se manifiesta de todos los elementos lingüísticos, formativos,
colectivos, emocionales y cognitivos del crecimiento y placer propio.
CEREBRO
SENSIBLE Y FLUIDO
Entrando a la parte de cómo es el cerebro un poco más
científico, se puede decir que la mente abre su capacidad de comprender e
interpretar atreves de un viaje cortical, en el texto también se habla como de
los tres trabajos principales del cerebro lector, las cuales son: El
reconocimiento de las estructuras. La planificación de la estrategia y los
sentimientos pues son atreves de ellos que se muestra un incremento
significativo del sistema límbico y es allí donde se encuentra nuestros
sentimientos y el vínculo con lo cognitivo, debajo de este se sitúa la
competencia para sentir placer, horror, asco y euforia.
Entre más esfuerzo hagamos en la lectura más se
estimula nuestro cerebro, cuando una persona con elocuencia lee no hace mucho
esfuerzo pues ya tiene un reconocimiento de la información aprendida
anteriormente (visual, fonológica y semántica) y es así como el cerebro suple
la impulsación bihemisférica por otro
método en el hemisferio izquierdo (ruta
ventral) y es así como se aglomera y se acciona un sistema más ligero. A través
del tiempo es como se incrementa el cerebro para tener un conocimiento
evolucionado, desarrollado y suficientemente rápido.
LECTOR
EXPERTO
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| Imagen tomada de nortedesantander.com |
Todo se requiere de atención y más la lectura pues se
necesita toda su concentración para interiorizar lo que se lee. En el lóbulo
parietal se encuentra la desconexión, en el tálamo la concentración y en el
colículo superior el desplazamiento estas son las redes de atención más
importantes para los ciclos de la lectura.
La memoria no entra en esta red, existe 6 clases de
memoria:
Memoria episódica: es con la cual recordamos toda
nuestra información personal y acontecimientos vividos; memoria semántica: es
la que almacena palabras y hechos; memoria declarativa: es la que recupera
datos; memoria procedimental: es la recuperación de los conocimientos ya
aprendidos; memoria de trabajo: es la cual conservamos la información durante
un periodo corto de tiempo; memoria asociativa: es la que ayuda a recordar la
información que se ha almacenado a largo plazo.
“Al leer cambia el córtex visual del cerebro, dado que
el sistema visual es capaz de reconocer objetos y de especializarse, las áreas
visuales del lector experto están ya pobladas de redes celulares responsables
de las imágenes visuales de las letras, las combinaciones de las letras y
palabras”. Esta parte del texto lo extraje por la importancia de cómo hay la
suficiente información y el cerebro ya es capaz de procesar todo lo que se lee
y que se pueda leer con mucha más facilidad y se pueda seguir de corrido sin la
necesidad de detenerse.
Los lectores emplean distintos procedimientos de
comprensión, semánticos y sintácticos con su correspondiente región del
córtex para expandir un texto. El lector
experto, utiliza más partes del cerebro que un lector primerizo pues se expande
permanentemente su cerebro y evoluciona su intelecto, se tiene y se retiene
mucha más información y hay más conocimiento. En la circunvolución angular se
encuentra el área de integración y en las temporales y parietales la generación.
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| Imagen tomada de datosperu.org |
Para concluir, el cerebro como una máquina que tiene
capacidad de almacenar, recuperar y recolectar datos e información a través de
conexiones, circuitos, estructuras y redes por medio de la cultura o la
sociedad; se reorganiza psicológico e intelectualmente, intercambiando
recíprocamente información y cambiando constantemente sus puntos de vista,
hasta lograr conocimientos exquisitos.



