Por: Melissa Mejía
Flórez
Antes de comenzar mi descripción, le pregunté a mi mamá cuál
era la imagen que tenía ella del Jardín Botánico, y ella me dijo algo muy
fantasioso, pero que al fin y al cabo es la realidad de este Jardín.
Fue difícil explicármelo, así que me escribió lo siguiente: “Describir un
paraíso como éste es como describir el sabor de una nube o el oler de la
lluvia. Es necesario buscar en la
imaginación paisajes, personajes, olores, sabores y colores para acercarse un
poco a lo que podemos encontrar allí. Cuando
me asomo al parqueadero siento que allí se quedarán mis miedos, mis tristezas,
mi estrés y mi furia. Cada paso hacia
este pequeño pulmón de mi ciudad me va abriendo el recuerdo de aquellos lugares
que visité con mi imaginación cuando era niña; al atravesar la puerta y
encontrarme dentro del Jardín, veo a lo lejos un lobo persiguiendo a Caperucita
y hacia ese lugar me dirijo. Comienzo a
buscarla entre las flores que como un carnaval me dan la bienvenida y me parece
observar a los gnomos escondiendo sus cabecitas mientras paso entre los
árboles, que en su suave y lenta oración piden un poco de respeto por los
bosques que estamos haciendo desaparecer, y en sus ramas las ardillas y las
iguanas juegan alegremente. Ansiosa
busco al conejo antes de que entre en un agujero que lo llevará al País de las
Maravillas, y al despertar de mis recuerdos y escuchar las aves que cantan
entonando las más suaves y finas melodías que jamás el mejor músico logrará
alcanzar, me encanta ver que ese lugar en donde imaginé y soñé a cada uno de
los personajes de las historias que me gustaban, está frente a mí.”
El Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe, es un
lugar lleno de vida y de exquisita tranquilidad; su jugoso color verde lo hacen
hermoso, y su variedad de fauna y flora lo hacen coloridamente fantástico.
Llegar al Jardín es muy fácil; utilizo el metro, y me quedo en la estación
Universidad. Bajo las escaleras y camino hacia la derecha haciéndome paso por
las personas que se encuentran visitando
el Parque Explora. Paso al lado de un gran árbol que me acoge con su
sombra y delante el semáforo detiene a todos los conductores que siempre van
deprisa; las diminutas escaleras de piedra que están en medio de un pequeño
paraíso verde y allí encuentro el acceso peatonal al Jardín Botánico.
Lo primero que veo son las personas que entran y salen; los
vendedores de BONICE y sus clientes; los perros que pasan de aquí para allá; el
hermoso letrero de fondo negro con letras verdes en donde observo claramente el
logo del Jardín con su gran número 40 de sus 40 años de servicio; el trabajador
del Jardín que le dá la bienvenida a todo el que desea entrar y observo los
locales a su alrededor: a la derecha encuentro una gran pared de vidrio que
corresponde a la Tienda del Jardín, pero de ella hablo más adelante, y a la
izquierda veo el Cajero de Bancolombia y la entrada a un hermoso y elegante
lugar de encuentro que se llama Café del Bosque: allí se encuentran varios
locales de comidas, mesas con sutiles sombrillas y los 2 baños –uno para
mujeres y uno para hombres- que tienen un gran espejo en su interior.
Ahora me dispongo a entrar. Paso al lado de unas canecas de basura, una
caneca especial para depositar las pilas que ya no sirven, un pequeño espacio
lleno de materas con hermosas flores –donde están estas materas ahora, antes
estaba lleno de agua pero por cuestiones de higiene y salud hubo que evacuarla-
, de nuevo el logo del Jardín, pero éste está hecho de acero y decorado con una
pequeña enredadera y al final, llego al frente de una muñeca que habla y sonríe
con un pitico en su boca, para atraer a los niños. A su lado está la Tienda del Jardín, lugar en
donde se pueden comprar diferentes souvenirs para llevar de recuerdo.
Aquí comienza mi espectacular recorrido; y lo comenzaré
hacia la derecha. Debo recordar que el recorrido por el Jardín es una
circunvalar y que hay senderos para entrar al centro y a los diferentes lugares
que contiene éste. A mi izquierda se encuentra un mapa gigante del Jardín
Botánico, una silla característica de muchos parques y el sendero de madera que
nos invita a caminar por el Bosque Tropical; regalándonos frescura, plantas y
árboles hermosos, y en la tarde en un pequeño espacio de éste sendero
encontramos todos los días a un encantador hombre enamorado de la vida, la
naturaleza, las personas y la música; que siempre regala a todo el que pasa un
momento de felicidad, baile, música y tranquilidad. A mi derecha encuentro el vivero; lugar en
donde puedo comprar cualquier flor, planta o árbol que desee. Este espacio es
muy tranquilo, los trabajadores son muy gentiles y hay unas mesas con
sombrillas para quien desee descansar y tomarse un café.
Al frente del vivero se encuentra la estación del tren y el
árbol abuelo del Jardín Botánico, que es hermoso, grande y tiene unas raíces
espectaculares. Al seguir caminando me
deleito con mucho verde, a mi izquierda, veo el jardín de las palmas y a mi
derecha… mucho verde. Las personas caminan sin prisa; los niños corren, juegan,
gritan y los ancianos disfrutan del paisaje. Más adelante me encuentro con el
Edificio científico que es el Centro de Investigación Científica del Jardín y
tiene un aula ambiental para la recreación y cultura ciudadana. A su lado se encuentran los paneles solares y
diagonal a mi derecha se encuentra la casa de las mariposas; lugar en donde se aprende sobre el ciclo de
vida de estos insectos, y se pueden ver todos los días desde las 10 de la
mañana hasta las 4 de la tarde, que son las horas en las que las mariposas
salen a divertirse y nos dejan admirar sus alas.
Sigo mi recorrido tranquila; veo muchos árboles, flores,
ardillas, pájaros, iguanas y hormigas; cada persona refleja tranquilidad en su
rostro y su paso lento pero firme me dan la impresión de que les gusta estar
allí. Camino algunos metros y me encuentro rodeando la laguna, paso por la
estación de agricultura urbana en donde encontré un bonito pero abandonado
lugar, en donde un día invité a mis compañeras a tomar y tomarnos fotos. Más adelante, a mi derecha encuentro el huerto
medicinal: este es un lugar muy hermoso, hay mucha sombra y también es un lugar
para tomar fotos muy bellas. Siguiendo
el camino, a la derecha se ve una pequeña zona de bambús y a la izquierda una
zona verde con grandes piedras, árboles,
niños jugando, y personas tomándole fotos a la hermosa escultura de la
Madremonte de José Horacio Betancur del año 1953 y la variedad de flores que la
adornan. Al frente de esta zona verde se
encuentra el Patio de las Azaleas y en él está el restaurante In Situ, un
corredor de área rectangular, los auditorios y salones que son alquilados para
diferentes eventos, y los baños. En la
mañana en este lugar varias personas se encuentran para hacer yoga y relajarse
un rato.
Ya casi terminando de recorrer el Jardín por la circunvalar,
encontramos a la izquierda el bambusario, en donde los amigos y los enamorados
aprovechan para escribir sus mensajes en cada bambú y a la derecha el
parqueadero público, en donde según varios visitantes, casi nunca hay espacio
para estacionar su auto o su moto. Luego
a la derecha vemos a una señora que vende obleas y a los niños diciéndoles a sus
padres que les compren una. A la izquierda,
un camino por el cual llegamos rápidamente al Salón Restrepo, en donde casi
todos los fines de semana se hacen reuniones sociales y eucaristías; a los
auditorios y salones que se encuentran en el Patio de las Azaleas que describí
ahora y al Orquideorama.
Seguimos caminando y encontramos la entrada principal al Orquideorama,
los San Joaquines, la salida de emergencia, los zangiberales, las bromelias,
los anturios, un lado del Café del Bosque, y aquí llegamos de nuevo a la
estación del tren.
Me falta describir algunos lugares que no se encuentran al
lado de la circunvalar, sino que se encuentran en el centro del Jardín.
Comenzaré con la laguna.
Éste es un lugar muy bonito y muy visitado. En la mañana los
trabajadores del Jardín limpian las impurezas y las basuras que algunos
indelicados visitantes dejan allí, luego se van acercando los niños, los
adultos, los jóvenes, los ancianos, las parejas y las hermosas quinceañeras con
sus grandes y coloridos vestidos, acompañadas de sus padres, hermanos y el
fotógrafo que le tomará las mejores fotos, pero siempre parecidas a las de las
demás quinceañeras que se toman fotos allí. No es raro ver a los niños jugando o
molestando a los patos cafés, blancos, negros o con manchas, y tampoco es raro
ver a los amantes de la fotografía, fotografiando la laguna, las tortugas, las
aves, las ardillas, los patos y las
plantas acuáticas.
El olor de las fresas con chocolate, las “solteritas”, las
crispetas y ver el carrito del señor de los raspados nos guiarán hacia uno de
los puntos de encuentro más conocidos del Jardín. Se llama el Parque de los
Carboneros, y a toda hora en este parque permanecen muchas personas incluyendo
a las despampanantes quinceañeras de las que hablé y, además, por aquí pasa el
tren del Jardín dando una pequeña vuelta a los viajeros. Desde este parque, entonces, podemos ver: la
laguna, el Orquideorama, un café y dulcería llamado El Vagón, el laberinto, el
bello muro vegetal que está detrás del Teatro Suramericana y el jardín del
desierto en donde se encuentra una colección fantástica de cactus.
Ahora es muy importante describir qué hay al frente del
Teatro Suramericana. A todo el frente hay un hermoso árbol que da mucha sombra
a las personas que deseen recostrarse allí, hay muchos árboles: pequeños,
grandes, gruesos, delgados, verdes cafés, altos, bajos y todos con 2 cosas en
común: las aves que revolotean a su alrededor, y las ardillas que gozan de
subirse a las ramas más altas y luego bajar hasta sus raíces para saludar a los
niños que les regalan caramelos. Este es
quizás el lugar más tranquilo del Jardín, ya que aquí se puede dormir,
respirar, estirar, cantar, componer música, tocar los acordes de una guitarra,
soplar suavemente una flauta, enamorarse de ese espacio y a pesar de los
flashes y la preocupación de no pisar el vestido de alguna quinceañera que ya
está cansada de caminar, es un lugar para disfrutar un momento de mucha armonía
con uno mismo.
Así es el Jardín Botánico de Medellín: hermoso, tranquilo,
sereno, divertido, elegante e importante; lleno de buenas personas, fantásticos
lugares, hermosos paisajes, flores, esculturas, y lleno, muy lleno de vida.







