jueves, 8 de agosto de 2013

Soñando, viviendo y describiendo un poco de VIDA

Por: Melissa Mejía Flórez

Antes de comenzar mi descripción, le pregunté a mi mamá cuál era la imagen que tenía ella del Jardín Botánico, y ella me dijo algo muy fantasioso, pero que al fin y al cabo es la realidad de este Jardín. 

Fue difícil explicármelo, así que me escribió lo siguiente: “Describir un paraíso como éste es como describir el sabor de una nube o el oler de la lluvia.  Es necesario buscar en la imaginación paisajes, personajes, olores, sabores y colores para acercarse un poco a lo que podemos encontrar allí.  Cuando me asomo al parqueadero siento que allí se quedarán mis miedos, mis tristezas, mi estrés y mi furia.  Cada paso hacia este pequeño pulmón de mi ciudad me va abriendo el recuerdo de aquellos lugares que visité con mi imaginación cuando era niña; al atravesar la puerta y encontrarme dentro del Jardín, veo a lo lejos un lobo persiguiendo a Caperucita y hacia ese lugar me dirijo.  Comienzo a buscarla entre las flores que como un carnaval me dan la bienvenida y me parece observar a los gnomos escondiendo sus cabecitas mientras paso entre los árboles, que en su suave y lenta oración piden un poco de respeto por los bosques que estamos haciendo desaparecer, y en sus ramas las ardillas y las iguanas juegan alegremente.  Ansiosa busco al conejo antes de que entre en un agujero que lo llevará al País de las Maravillas, y al despertar de mis recuerdos y escuchar las aves que cantan entonando las más suaves y finas melodías que jamás el mejor músico logrará alcanzar, me encanta ver que ese lugar en donde imaginé y soñé a cada uno de los personajes de las historias que me gustaban, está frente a mí.”


El Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe, es un lugar lleno de vida y de exquisita tranquilidad; su jugoso color verde lo hacen hermoso, y su variedad de fauna y flora lo hacen coloridamente fantástico.
Llegar al Jardín es muy fácil; utilizo el metro, y me quedo en la estación Universidad. Bajo las escaleras y camino hacia la derecha haciéndome paso por las personas que se encuentran visitando  el Parque Explora. Paso al lado de un gran árbol que me acoge con su sombra y delante el semáforo detiene a todos los conductores que siempre van deprisa; las diminutas escaleras de piedra que están en medio de un pequeño paraíso verde y allí encuentro el acceso peatonal al Jardín Botánico.


Lo primero que veo son las personas que entran y salen; los vendedores de BONICE y sus clientes; los perros que pasan de aquí para allá; el hermoso letrero de fondo negro con letras verdes en donde observo claramente el logo del Jardín con su gran número 40 de sus 40 años de servicio; el trabajador del Jardín que le dá la bienvenida a todo el que desea entrar y observo los locales a su alrededor: a la derecha encuentro una gran pared de vidrio que corresponde a la Tienda del Jardín, pero de ella hablo más adelante, y a la izquierda veo el Cajero de Bancolombia y la entrada a un hermoso y elegante lugar de encuentro que se llama Café del Bosque: allí se encuentran varios locales de comidas, mesas con sutiles sombrillas y los 2 baños –uno para mujeres y uno para hombres- que tienen un gran espejo en su interior.

Ahora me dispongo a entrar.  Paso al lado de unas canecas de basura, una caneca especial para depositar las pilas que ya no sirven, un pequeño espacio lleno de materas con hermosas flores –donde están estas materas ahora, antes estaba lleno de agua pero por cuestiones de higiene y salud hubo que evacuarla- , de nuevo el logo del Jardín, pero éste está hecho de acero y decorado con una pequeña enredadera y al final, llego al frente de una muñeca que habla y sonríe con un pitico en su boca, para atraer a los niños.  A su lado está la Tienda del Jardín, lugar en donde se pueden comprar diferentes souvenirs para llevar de recuerdo.

Aquí comienza mi espectacular recorrido; y lo comenzaré hacia la derecha. Debo recordar que el recorrido por el Jardín es una circunvalar y que hay senderos para entrar al centro y a los diferentes lugares que contiene éste. A mi izquierda se encuentra un mapa gigante del Jardín Botánico, una silla característica de muchos parques y el sendero de madera que nos invita a caminar por el Bosque Tropical; regalándonos frescura, plantas y árboles hermosos, y en la tarde en un pequeño espacio de éste sendero encontramos todos los días a un encantador hombre enamorado de la vida, la naturaleza, las personas y la música; que siempre regala a todo el que pasa un momento de felicidad, baile, música y tranquilidad.  A mi derecha encuentro el vivero; lugar en donde puedo comprar cualquier flor, planta o árbol que desee. Este espacio es muy tranquilo, los trabajadores son muy gentiles y hay unas mesas con sombrillas para quien desee descansar y tomarse un café.

Al frente del vivero se encuentra la estación del tren y el árbol abuelo del Jardín Botánico, que es hermoso, grande y tiene unas raíces espectaculares.  Al seguir caminando me deleito con mucho verde, a mi izquierda, veo el jardín de las palmas y a mi derecha… mucho verde. Las personas caminan sin prisa; los niños corren, juegan, gritan y los ancianos disfrutan del paisaje. Más adelante me encuentro con el Edificio científico que es el Centro de Investigación Científica del Jardín y tiene un aula ambiental para la recreación y cultura ciudadana.  A su lado se encuentran los paneles solares y diagonal a mi derecha se encuentra la casa de las mariposas;  lugar en donde se aprende sobre el ciclo de vida de estos insectos, y se pueden ver todos los días desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde, que son las horas en las que las mariposas salen a divertirse y nos dejan admirar sus alas.

Sigo mi recorrido tranquila; veo muchos árboles, flores, ardillas, pájaros, iguanas y hormigas; cada persona refleja tranquilidad en su rostro y su paso lento pero firme me dan la impresión de que les gusta estar allí. Camino algunos metros y me encuentro rodeando la laguna, paso por la estación de agricultura urbana en donde encontré un bonito pero abandonado lugar, en donde un día invité a mis compañeras a tomar y tomarnos fotos.  Más adelante, a mi derecha encuentro el huerto medicinal: este es un lugar muy hermoso, hay mucha sombra y también es un lugar para tomar fotos muy bellas.  Siguiendo el camino, a la derecha se ve una pequeña zona de bambús y a la izquierda una zona verde con  grandes piedras, árboles, niños jugando, y personas tomándole fotos a la hermosa escultura de la Madremonte de José Horacio Betancur del año 1953 y la variedad de flores que la adornan.  Al frente de esta zona verde se encuentra el Patio de las Azaleas y en él está el restaurante In Situ, un corredor de área rectangular, los auditorios y salones que son alquilados para diferentes eventos, y los baños.  En la mañana en este lugar varias personas se encuentran para hacer yoga y relajarse un rato.

Ya casi terminando de recorrer el Jardín por la circunvalar, encontramos a la izquierda el bambusario, en donde los amigos y los enamorados aprovechan para escribir sus mensajes en cada bambú y a la derecha el parqueadero público, en donde según varios visitantes, casi nunca hay espacio para estacionar su auto o su moto.  Luego a la derecha vemos a una señora que vende obleas y a los niños diciéndoles a sus padres que les compren una.  A la izquierda, un camino por el cual llegamos rápidamente al Salón Restrepo, en donde casi todos los fines de semana se hacen reuniones sociales y eucaristías; a los auditorios y salones que se encuentran en el Patio de las Azaleas que describí ahora y al Orquideorama.

Seguimos caminando y encontramos la entrada principal al Orquideorama, los San Joaquines, la salida de emergencia, los zangiberales, las bromelias, los anturios, un lado del Café del Bosque, y aquí llegamos de nuevo a la estación del tren.

Me falta describir algunos lugares que no se encuentran al lado de la circunvalar, sino que se encuentran en el centro del Jardín. Comenzaré con la laguna.

Éste es un lugar muy bonito y muy visitado. En la mañana los trabajadores del Jardín limpian las impurezas y las basuras que algunos indelicados visitantes dejan allí, luego se van acercando los niños, los adultos, los jóvenes, los ancianos, las parejas y las hermosas quinceañeras con sus grandes y coloridos vestidos, acompañadas de sus padres, hermanos y el fotógrafo que le tomará las mejores fotos, pero siempre parecidas a las de las demás quinceañeras que se toman fotos allí.  No es raro ver a los niños jugando o molestando a los patos cafés, blancos, negros o con manchas, y tampoco es raro ver a los amantes de la fotografía, fotografiando la laguna, las tortugas, las aves, las ardillas, los patos  y las plantas acuáticas.

El olor de las fresas con chocolate, las “solteritas”, las crispetas y ver el carrito del señor de los raspados nos guiarán hacia uno de los puntos de encuentro más conocidos del Jardín. Se llama el Parque de los Carboneros, y a toda hora en este parque permanecen muchas personas incluyendo a las despampanantes quinceañeras de las que hablé y, además, por aquí pasa el tren del Jardín dando una pequeña vuelta a los viajeros.  Desde este parque, entonces, podemos ver: la laguna, el Orquideorama, un café y dulcería llamado El Vagón, el laberinto, el bello muro vegetal que está detrás del Teatro Suramericana y el jardín del desierto en donde se encuentra una colección fantástica de cactus.

Ahora es muy importante describir qué hay al frente del Teatro Suramericana. A todo el frente hay un hermoso árbol que da mucha sombra a las personas que deseen recostrarse allí, hay muchos árboles: pequeños, grandes, gruesos, delgados, verdes cafés, altos, bajos y todos con 2 cosas en común: las aves que revolotean a su alrededor, y las ardillas que gozan de subirse a las ramas más altas y luego bajar hasta sus raíces para saludar a los niños que les regalan caramelos.  Este es quizás el lugar más tranquilo del Jardín, ya que aquí se puede dormir, respirar, estirar, cantar, componer música, tocar los acordes de una guitarra, soplar suavemente una flauta, enamorarse de ese espacio y a pesar de los flashes y la preocupación de no pisar el vestido de alguna quinceañera que ya está cansada de caminar, es un lugar para disfrutar un momento de mucha armonía con uno mismo.


Así es el Jardín Botánico de Medellín: hermoso, tranquilo, sereno, divertido, elegante e importante; lleno de buenas personas, fantásticos lugares, hermosos paisajes, flores, esculturas, y lleno, muy lleno de vida.

lunes, 5 de agosto de 2013

Las despedidas

Pensamiento inspirado por Victoria Román, compañera de estudio.


Las despedidas son necesarias, siempre lo serán.  No necesariamente te despides de las personas;  también se dejan de lado lugares, espacios, tiempos, cosas…  Cada vez que deseas alejarte de algo o de alguien debes despedirte;  de hecho, es importante aprender a expresar un adiós ya que las palabras… sólo son sonidos, sólo son letras. 


¿Qué pasará en este lugar el día que yo no esté? ¿Qué sentirán? ¿Qué sentiré? ¿Volveré?  No estoy hablando de la “muerte” ¡aburridos!…  Hablo del momento en el que debas irte y dejarlo todo para buscarte y encontrarte, para construir una mejor relación contigo mismo, para crecer…  En mi vida me he despedido de todo; le he dicho adiós a muchas cosas: a mis amigos, familia, mascotas, cosas materiales, lugares, a los años, a lo conocido y desconocido, a lo bueno y a lo malo… Sí, he aprendido a decir adiós.



Y las despedidas son difíciles.  He ganado mucho – y perdido otro poco-.  Muchas veces no quieres hacerlo,  sin embargo DEBES,  y cada uno sabe cuándo hacerlo, ya sea porque quiere o debe.  Por mi parte he querido dejar muchas cosas atrás y otras cuántas he debido hacerlo, pero no significa que haya sido fácil, y el dolor es proporcional a lo que para ti haya significado ese algo o ese alguien.  Pero la vida continúa.  Hay lugares más hermosos, cosas más interesantes, personas que aporten más a tu vida, momentos hermosos… Todas estas cosas en un lugar y espacio diferente, no en el que estás ahora.  ¿Y lo que dejas? Simplemente ¡recuérdalo!